| |
El barroco será el último gran estilo europeo, y se desarrollará entre el Absolutismo
y la Ilustración. El término barroco empezó a usarse en el siglo XVIII por los
críticos racionalistas para denominar un estilo contrario a las reglas, excesivo
y extravagante. Proviene del portugués berrueco, perla defectuosa. A principios
del siglo XIX se extiende este sentido peyorativo, y va preparándose la transición
del término despectivo a un concepto que define el estilo de una época. Parte
de un origen común: será Italia quien proporcione los elementos para la evolución
de las distintas corrientes en cada país europeo. En Italia destaca como
máximo exponente Caravaggio, quien introduce el tenebrismo con el uso de fondos
oscuros, destacando los personajes mediante una iluminación dirigida y violenta.
Un estilo clasicista romano-boloñés, con un arte realista, bello y noble, sin
los riesgos de la vulgaridad naturalista. Arte clasicista mitológico y alegórico,
y de naturalezas de extraordinaria belleza. Los hermanos Carracci son fieles representantes
de esta corriente. En escultura la figura de Bernini domina el panorama de la
escultura funeraria, estatuas ecuestres y escultura mitológica, utilizando el
mármol y el bronce. España destaca por su originalidad y una dualidad de
actitudes. Por un lado el realismo, cuya firmeza y solidez plástica están ya muy
arraigadas en la tradición y cuyo insigne representante es Zurbarán. Por otro
lado la técnica vaporosa y de pincelada instantánea de Velázquez. En la primera
mitad del siglo triunfa el realismo, con formas de naturalismo tenebrista, destacando
las escuelas de Madrid, Valencia y Sevilla. La segunda mitad del siglo es algo
más colorista, triunfal y opulenta, sobre todo por la difusión de modelos flamencoruberianos.
Los centros serán Madrid y Sevilla (Hispanoamérica). La carencia total de pintura
profana y mitológica marca nuestro Siglo de Oro. Y las razones no son otras que
la falta de una burguesía ilustrada (la única clientela es la religiosa); que
existen unos perjuicios morales extremos; y el hábito de los poderosos de comprar
pintura en Flandes e Italia. En escultura se desarrolla la talla en madera
policromada de carácter exclusivamente religioso y de marcado carácter realista.
Destacan Gregorio Fernández en la escuela castellana, Martínez Montañés, Alonso
Cano o Juan de Mesa en la escuela andaluza, y en la escuela levantina Salzillo. En
Francia se desarrolla el naturalismo, sobre todo en provincias, al servicio de
la Iglesia y de la burguesía. Entre los tenebristas, Georges La Tour o los hermanos
Le Nain. Pero es el clasicismo el que mejor se adaptará a los usos y necesidades
de la Corte, con la obra de Poussin. En Flandes y Holanda tendrán gran
influencia los factores sociales, económicos, políticos y religiosos dando lugar
a una separación total de los ideales artísticos. Por un lado la Flandes católica
(Bélgica), con clientela aristocrática y monárquica. Se tratan asuntos religiosos
en grandes lienzos de altar, la vida de santos o los sacramentos. Para la decoración
de palacios reales y alta nobleza obras con temas mitológicos; destaca la pintura
de Rubens, Van Dyck o Jordaens. En Holanda, territorio protestante de burguesía
democrática, abunda el retrato de tono intimista y aparece el retrato corporativo.
Son apreciados los cuadros de pequeñas dimensiones de género realista, muy del
gusto burgués, con escenas domésticas, animales o paisajes. Se tratan asuntos
bíblicos del Antiguo Testamento. Frans Hals, Rembrandt o Vermeer de Delft son
algunos de los maestros. |