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El fauvismo surgió el contexto del Salón de Otoño de 1905, en París,
cuando el crítico Vauxcelles utilizó el término "fauve" (fiera)
para aludir a ciertas telas que allí se exhibían. Sus principales
representantes son Matisse, Derain y Vlaminck, que retoman los planteamientos
más radicales de la Francia del momento, partiendo de los presupuestos
simbolistas.
Para entender la técnica pictórica fauvista hay que tener en cuenta
la obra de Van Gogh y de Gauguin, que conocen a través de exposiciones
realizadas en París en 1901 y 1905 respectivamente. El toque menudo
fue sustituido por grandes áreas de color plano tipo Gauguin. Esta
figura representaba también el mito del buen salvaje, reforzando
toda esa veta primitiva clave en todo el arte de principios de siglo.
El fauve es el pintor de lo espontáneo, que se explicita mediante
el color. Se suele utilizar una técnica rápida, que nos remite más
aún a la creatividad y emotividad del artista. No hay preocupación
por el detalle; el acabado y la técnica pasan a un segundo plano.
En iconografía y temas no aportan nada nuevo: escenas cotidianas
de género, la figura humana y el retrato. Pero siempre aludiendo
a la felicidad, a la plenitud del ser humano.
El fauvismo y el grupo Brücke comparten el carácter expresionista,
aunque para los franceses sea un lenguaje agradable y armónico,
y para los alemanes tenga un mayor trasfondo social. Matisse se
interesa por las tallas africanas, por los temas orientales y las
odaliscas. Explota los recursos derivados del motivo ornamental,
estilizando los desnudos aunque con una evidente tendencia antinaturalista.
Derain es menos exaltado y tiene una etapa fauvista muy delimitada,
algo similar a lo que le ocurre a Vlaminck.
Dufy crea un tipo de obras que se caracterizan por la forma de
aplicar el color, como si se saliera de los perfiles. Sus temas
fauvistas son los pueblos costeros y el mar. Van Dongen es un holandés
que asume los planteamientos fauvistas. Por su parte, Rouault estaría
más cercano al expresionismo alemán; es un importante renovador
del arte religioso moderno.
La escultura jugó un papel muy importante, tanto o más que la pintura.
Se sustituyen los materiales tradicionales y se busca el estímulo
en las texturas y acabados. Hay dos tendencias: la tradicional,
de bloque cerrado, con la figura humana como tema (Maillol, Dérain
y Brancussi); y la de bloque abierto (Matisse), mucho más innovadora.
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