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El impresionismo pone fin a un sistema figurativo presente desde el siglo XIV,
que se apoyaba en la perspectiva lineal y en el claroscuro. Los impresionistas
se sitúan frente a la realidad y tratan de ser fieles a lo que ven. Trabajan al
aire libre, lo que les obliga a ser muy rápidos por lo cambiante de la luz. Esto
lleva consigo la eliminación del dibujo y la escisión con la pintura académica.
Su gran objetivo es el estudio de la luz y su efecto sobre los objetos. Eliminan
el negro de su paleta porque es la ausencia de luz. Buscan plasmar con precisión
instantánea aquellos cambios que sobre la apariencia de las cosas operan la atmósfera,
la luz y sus reflejos. En el año 1863 empiezan a entrar en contacto los
impresionistas en el Salón de los Rechazados, destinado a aquellos que no eran
aceptados para exponer en el Salón oficial. Trabajan conjuntamente y se darán
a conocer como grupo en el Estudio del fotógrafo Nadar en 1874. Monet colgó su
obra "Impresión, sol naciente", que el crítico Leroy aprovechó para bautizar al
grupo como impresionistas. Se forman en estudios independientes como la Academie
Suisse y el Atelier Gleyre, lugares donde además se ponen en contacto unos y otros. Es
un arte surgido en el París renovado del barón Haussman, de amplias avenidas y
bulevares donde se pasea la burguesía vestida a la última moda. Eso es lo que
pintan los impresionistas; los temas históricos y mitológicos han sido desplazados
por escenas relajadas de la vida moderna que van más allá de las simples estampas
de costumbres. Aparece también con insistencia el paisaje como alejamiento de
la ciudad industrial y es muy aceptado por las amplias posibilidades cromáticas
que ofrece. Hay una fuerte influencia de la pintura inglesa de Turner, Constable
o Bonnington; de Boudin y Jongkind, todos ellos interesados ya por la pintura
al aire libre y la disolución de la pincelada. El impacto de la fotografía
trastocó los conceptos tradicionales, su fugacidad y los planos cortados se trasladarán
a la pintura. También el descubrimiento de la estampa japonesa (ukiyo-e) modifica
la visión tradicional del cuadro. El germen de los impresionistas está en
Manet, que nunca se consideró como parte del grupo. Monet y Renoir trabajan juntos
en las afueras de París; Pissarro capta el espectáculo urbano en distintos momentos
del día; Degas presenta lo que le rodea de forma muy refinada, como un simple
observador de la realidad. En escultura hay que destacar a Rodin, Degas, Rude
y Carpeaux. La difusión del postimpresionismo hace despegar en España la
modernidad, con un eco de la paleta impresionista. La renovación se da en el País
Vasco y Cataluña, gracias a artistas que viajan a París y se incorporan a la vanguardia.
Ramón Casas, Darío de Regoyos, Iturrino, Rusiñol y Adolfo Guiart son algunos de
ellos. |