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El término Art Nouveau o Jugendstil, como se llamó en Francia y en Alemania,
es originariamente un estilo de las artes decorativas, que por extensión se aplicó
a la pintura e incluso a la escultura. Existieron indudables centros de desarrollo
como Glasgow, Bruselas, París, Munich o Viena. Es una consecuencia del esteticismo
y del simbolismo, y tiene base en las tradiciones nacionales, con importantes
influencias de Ruskin y W. Morrism y del English Arts and Crafts Movement de finales
de 1880. El modernismo insiste en las formas naturales, en las flores y
plantas acuáticas de tallo largo, todo ello muy del gusto de la estética finisecular.
Por todas partes vemos los mismos elementos figurativos, aves, cintas, tallos
florales que se enroscan sobre sí mismos y crean todos ellos una profusa decoración
que se aplica a cualquier tipo de obra. Las manifestaciones más importantes las
encontramos en las artes menores: cerámica, joyas, mobiliario, vidrio, grabados
y carteles, etc. El término "modernismo" proviene de la tienda que Samuel
Bing tenía en París, donde se podían encontrar los últimos y más innovadores diseños
europeos. Allí se expuso la obra de Munch, cuyas líneas curvas y ondulantes anuncian
las formas predilectas del modernismo. Es principalmente una reacción ante
el mundo industrial, por ello se vuelca en la artesanía y el arte por el arte,
e intenta romper con todas las corrientes historicistas que habían dominado hasta
el s. XIX la arquitectura y la decoración. La obra del arquitecto escocés
Mackintosh y los dibujos de Aubrey Beardsley son de gran importancia, además de
suponer la entrada de Gran Bretaña en la escena artística europea. Hay un cierto
aire prerafaelita en esos dibujos de técnica impecable realizados con pluma de
acero y espesa tinta negra que se utilizaron para ilustrar las novelas de Orson
Welles. En Alemania, en cambio, el Jugendstil era un estilo demasiado extravagante.
El ambiente liberal era más propicio al simbolismo que a los valores naturalistas.
La Sezession vienesa muestra cierta influencia de la escuela escocesa, pero hay
dos grandes figuras que destacan por sí mismas: Josef María Olbrich, que diseña
el edificio de la Sezession, y Gustav Klimt, primer presidente del grupo. Este
último había formado parte de una empresa de artistas decoradores, dedicados a
pintar murales para museos y teatros. Los que Klimt realizó en solitario para
la Universidad de Viena crearon una gran polémica: formas desnudas enmarcadas
por curvas y espirales, algo cercano al mosaico, con estuco y panes de oro. En
Francia hubo dos focos importantes: París y Nancy, siendo esta última conocida
por sus vidrios decorativos. En París tenemos el recuerdo de las ornamentadas
estaciones de metro de Victor Guimard, por ejemplo. Bélgica destaca sobre todo
por los grandes arquitectos, Victor Horta o H. Obrist. En España la actividad
artística modernista se centró en Cataluña, más concretamente en Barcelona, donde
la obra de Gaudí dejó patente el esplendor y auge económico de la época. Varios
artistas vascos y catalanes mantuvieron un estrecho contacto con la capital francesa,
de modo que su estilo es mucho más refinado e innovador que lo que se estaba realizando
en la Península en ese momento. Francisco Durrio se podría inscribir en este grupo
más cercano a la vanguardia. Trabajó en sus primeros años como orfebre y joyero,
interesándose más tarde por la cerámica. En pintura hay figuras muy relevantes
como Darío de Regoyos, Ramón Casas o Santiago Rusiñol entre otros. Este modernismo
posee un aire distinto al del resto de Europa; las líneas ondulantes y el decorativismo
se traducen aquí en una herencia del impresionismo y un reflejo de la sociedad
catalana, una especie de crónica social. En Estados Unidos también se apreciaron
sus influencias, en la escuela de Chicago y los conocidos vidrios, cerámica y
joyas de L. C. Tiffany. |