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El postimpresionismo no es un estilo entendido como los anteriores, sino más
bien una mezcla de tendencias cuyo origen está en el impresionismo, y que a su
vez dan lugar a una serie de movimientos diferenciados. En 1880 aparece
el neoimpresionismo, divisionismo o puntillismo, como lo llamó Felix Feneon. Está
en relación con las aportaciones teóricas de Chevreul, Charles Blanc y Charles
Henry, que dan base científica a la pintura. Se descubre la existencia de colores
primarios -amarillo, rojo y azul-, que originan los secundarios y complementarios.
El puntillismo se refiere a la técnica de pequeños puntos de color puro que se
funden en la retina y el divisionismo hace que el fundamento del color venga dado
por la división de tonos. La obra de Seurat está ligada a toda esta teoría del
color, siendo muy valorada por abrir caminos desconocidos. También estudia el
impacto de los colores en el espectador, pudiendo controlar el resultado final.
Signac participa de esa obsesión por llegar a un arte objetivo y científico. Cézanne
es una especie de autor autónomo, que expuso con los impresionistas, pero trabaja
de manera aislada. La entidad volumétrica de sus formas le convierte en un antecedente
del cubismo. Gauguin y Bernard pintan cuadros visionarios en la región bretona
de Pont Aven. Sérusier siguió sus lecciones y realizó "El Talismán", origen del
grupo de los Nabis (profetas) formado por Bonnard, Vuillard y M. Denis. Toulouse-Lautrec
demuestra un interés por las tipologías humanas que no habíamos visto nunca en
los impresionistas. Hace retratos psicológicos y muy expresivos en los burdeles
y cafés de Montmartre. Es conocido por sus carteles y litografías de rasgos muy
modernos. No podemos dejar de mencionar a Van Gogh, personaje atormentado
que posee una obra espléndida y que anuncia ya nuevas tendencias pictóricas, como
el expresionismo. Otro movimiento interesante es el de los pintores naïf
o primitivos, inaugurado por la obra del artista francés Henri Rousseau "le Douanier"
y algunos otros pintores que se acercan en cierto modo al expresionismo y a la
estética del arte moderno. La obra autodidacta de Rousseau se asocia a la de los
pueblos primitivos y a la de artistas populares europeos, que carecen de una formación
técnica y se inspiran en su propia intuición. Pero tampoco sería justo considerarles
pintores aficionados que se dedican a recrearse en escenas campestres. Son hombres
de ciudad que se mantienen al margen de las modas, sencillamente.No se preocupan
demasiado por la técnica ni la expresión, y son más realistas que la mayoría de
los artistas que están trabajando en ese momento.La falta de habilidad técnica,
que tanto admiramos hoy, supuso un trauma para Rousseau, cuya gran ambición era
exponer en el Salón oficial. Sin embargo, tuvo la suerte de poder participar
en el Salón de Independientes, que no precisaba de juicio previo de admisión,
así que cada año desde 1886 hasta su muerte en 1910 expuso de tres a diez obras.
Su perspectiva es convencional y definida, indicando quizá que la falta de formación
le impedía salirse de ciertos cánones. En cambio, los colores son totalmente inesperados
y distorsiona los volúmenes de las formas de una manera muy innovadora. |