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El renacimiento no surge como evolución del gótico clásico, sino todo lo contrario:
rompe con el estilo de los siglos anteriores para recuperar el gusto por la cultura
clásica. La invención de la imprenta y la actividad comercial abierta con Oriente
hace que se cree un bienestar material que deriva en un interés y protección de
las artes. Aparece la figura del mecenas, que será quien financie a los artistas.
Unos artistas que dominan todas las disciplinas: son arquitectos, pintores, escultores
e incluso inventores, como en el caso de Leonardo da Vinci. La arquitectura
renacentista parte de los modelos romanos clásicos. De ahí que su cuna sea Italia,
donde se encontraba el mayor número de ruinas arquitectónicas de la antigüedad.
Reaparecen los órdenes clásicos: jónico, dórico, corintio, toscano y compuesto,
los entablamentos, los arcos de medio punto y la cúpula semiesférica, cuya perfecta
consecución será el reto desde Brunelleschi a Miguel Ángel. Se retoma la
pintura mural en el interior de los edificios, y a mediados del XV se introduce
la pintura al óleo. El tema fundamental será la figura humana, su expresión y
sus movimientos. Se desarrollan los fondos, que ya no son planos, y la representación
del espacio por medio del descubrimiento de la perspectiva y de la incidencia
de la luz. Asimilados los hallazgos del siglo XV, en el XVI se busca fundamentalmente
la belleza formal, la perfección clásica, con importantes estudios de anatomía
humana, en busca del máximo naturalismo en la representación de los cuerpos. En
Centroeuropa destacan los hermanos Van Eyck, considerados como los padres de la
pintura flamenca, y años más tarde Van der Weyden y El Bosco, con dos estilos
completamente distintos: el primero más tradicional, mientras que el segundo interpreta
sus temas de manera alegórica y moralista, desconocida hasta el momento. Durero,
notable pintor, es sobre todo el gran artista del grabado, género cuyas obras
se difunden gracias al nuevo invento de la imprenta.
La escultura renacentista se inaugura en el siglo XV con las puertas
del baptisterio de Florencia de mano de Ghiberti, extraordinario
ejemplo de la evolución del relieve, el cual se transforma en un
amplio escenario donde los numerosos personajes se mueven con holgura.
En el XVI, la obra escultórica de Miguel Ángel supera a su actividad
en arquitectura y pintura; sus figuras adoptan actitudes grandiosas,
facciones perfectas y gestos terribles. La "terribilità" por la
que le conocían sus coetáneos se percibe en el Moisés, la Piedad
y el David.
En España, la escultura tiene amplio desarrollo.
Durante el primer tercio del XVI, los españoles abandonan el gótico y trabajan
las formas renacentista cuya influencia reciben a través de obras de gran calidad
hechas por artistas extranjeros en España (Bigarni, Fancelli y Torrigiani). Así,
en el segundo tercio comienzan a aparecer escuelas por toda España y en cada una
grandes maestros: Aragón con Damián Forment, Burgos con Bartolomé Ordóñez y Diego
Siloé, y Valladolid con Alonso Berruguete, que creó escuela y fue quien mejor
interpretó a los artistas italianos. |