| |
La estética del rococó corresponde a las formas del barroco, pero sin embargo
responde a un período histórico completamente distinto. Coincide en la mayoría
de los países europeos con la implantación de las monarquías absolutas, sistema
que se dio por llamar Despotismo Ilustrado. Se trata de un estilo ornamental,
que surge con gran fuerza en el arte alemán, cuya tradición barroca no se había
interrumpido. Pero los que más contribuyeron a darle su aspecto característico
y serán responsables de su difusión, son los franceses. En el siglo XVII
en Francia, bajo la monarquía de Luis XIV, se impone un ideal inflexible, completamente
clásico, dirigido por razones de estado contra el barroquismo que impera en el
resto de Europa. Como respuesta a esta situación, en lo que parece axiomático
en materia de gusto artístico, se buscó la tendencia opuesta. Del barroco tomará
muchas de sus formas: la idea del movimiento, elementos de irregularidad, dinamismo,
composiciones complicadas. Y añade los nuevos valores de la sociedad: gusto por
lo exótico y chinesco, la galantería, la ironía e incluso la osadía de expresión.
Se intenta plasmar el anhelo de elegancia y de claridad y el interés por las pequeñas
cosas. La palabra rococó surge de los términos rocaille y coquille, rocalla
y concha, que sugieren formas irregulares inspiradas en las rocas marinas que
llevan adheridas algas y conchas. Se trata de una composición de estos dos términos.
Este elemento decorativo sin lógica geométrica y de perfil ondulado, como el de
ciertas conchas de molusco, queda rematado en una especie de penacho en voluta,
que combinan con formas vegetales. Se usa para platería, cerámica, boiseries,
muebles e incluso algunas composiciones de carácter pictórico. En el ámbito
de la pintura la amabilidad de los temas que se tratan, ese espíritu ligero que
lo empapa todo y la mayor libertad en la interpretación psicológica, son rasgos
esenciales de este movimiento. Lo anecdótico forma parte de los temas, llegando
a hacer concesiones, sobre todo en los asuntos galantes, a la procacidad. Se usan
los colores claros y una técnica vaporosa. Las figuras femeninas son menudas y
de un encanto especial. El siglo XVIII supone la primacía del arte francés
tanto en pintura como en escultura. Figuras como Watteau, Fragonard o Boucher
en pintura, Duquesnoy y Falconet en escultura. En Italia hay un estancamiento
generalizado salvo en lo que respecta a la escuela veneciana. Venecia, centro
de la vida galante, tiene artistas de la talla de Tiépolo con su lujo y exotismo,
Pietro Longhi pintor de costumbres, Canaletto o Guardi representantes de la vedutta.
En escultura mencionar a Filippo della Valle o a Schiaffino. En España falta
en la pintura el verdadero rococó, más debido a la temática y al colorido que
a la aplicación pictórica. Sí encontramos la soltura de pincelada y ese aire difuminado,
típico del rococó. Destacar la presencia de pintores extranjeros en la Corte como
Corrado Giaquinto o Tiépolo. Y entre los artistas españoles, Luis Paret y Alcázar
y el escultor Salzillo. |